Marrakech, la capital del desierto que huele a azahar

 

Cuando el viajero llega a Marrakech, nada más salir del aeropuerto, percibe un olor que le dejara un rastro permanente durante toda la estancia, y a veces, hasta toda la vida, como esos olores inseparables de nuestra niñez. Marrakech huele a azahar.

Según te vas adentrando en la Medina, el azahar deja paso a las especias, y estas a la hierbabuena, al cuero, a los tintes… A una amplia gama de olores que envuelven toda la ciudad. Dentro de la medina, vamos descubriendo el color rojizo de la mayoría de sus edificios, color que tiñe la ciudad desde su fundación, cuando todas las casas, palacios y murallas se construían con el mejor material del que se  disponían, el adobe –formado con agua, barro y paja- que, a su vez, era el mejor aislante para los calurosos días y para las frías noches, cuando sopla el aire de la tan cercana cordillera montañosa del Atlas, la cual se divisa casi desde cualquier edificio (la legislación de la ciudad no permite construcciones superiores a  5 plantas).

Mis lugares imprescindibles en Marrakech, los que sin duda te recomiendo visitar, son los Jardines de Majorelle, el Palacio de la Bahía (antiguo Palacio-Harem del Visir),  los jardines de la Mezquita Koutoubia (entrada prohibida a la mezquita y al minarete), el Museo de la ciudad, las tumbas Sardianas (recubiertas de mármol italiano de Carrara) y, sobre todo, la plaza Jema el Fnaa, epicentro comercial y vital de la ciudad. Fuera de Marrakech, no dejes de visitar las cascadas de Ouzoud, el valle de Ourika, alquilar un todo terreno y descubrir el valle de Asni, -con su poblado bereber a los pies de la kasbah roja de Ourigane- o realizar una ruta en quads  hasta el poblado de Nzala.

¿Para comer? Marrakech ofrece distintas posibilidades, desde la zona nueva y moderna del barrio de Gueliz hasta restaurantes más tradicionales, ubicados  dentro de la medina. No dejes de probar el cuscús (sémola de trigo, acompañado de verduras y  Pollo), el tajine  de cordero, la sopa harira  y, de postre, pastela de leche. Te recomiendo el restaurante Al Baraka (al lado de la Plaza Jmma el Fnaa), en un riad con patio y distintos ambientes, y desde cuya terraza tienes buenas vistas a la Plaza.

En cuanto al shopping, en la Ciudad Nueva (la Avenida Mohammed V, la Plaza de la Libertad, toda la zona de Gueliz) hay tiendas de marca y franquicias de grandes cadenas como Zara o Bershka, pero las mejores compras te esperan en el Zoco que se encuentra dentro de la medina y en los alrededores de la plaza Jmaa el Fnaa. Encontrarás desde cuero, joyas, antigüedades, alfarería, especies, lociones y jabones, hasta medicinas tradicionales que alivian  los dolores o quitan mal de ojo. Merece la pena visitar esta zona y dejarse llevar por el ambiente.

La Plaza Jema el Fnaa, Patrimonio Oral de la Humanidad, es el centro vital de la ciudad. Desde las seis de la mañana que abren los primeros comerciantes hasta pasada la medianoche, la plaza no descansa, con sus puestos de comida (donde puedes encontrar desde un tazón de caracoles desde 5 dirhams, hasta degustar un tajiné de cordero o cuscús). Contadores de cuentos, brujas que te adivinan el futuro, encantadores de serpientes, danzantes, dentistas, vendedores de zumos, aguadores con sus antiguas vestimentas, tatuadores de henna… En general todo  aquel que pude vender algo, material o espiritual, está en la plaza.

Marrakech tiene una escena nocturna interesante y animada. La mayoría de los hoteles disponen de discotecas  de acceso libre al público. En la Avenida de Mohammed V y en la Plaza de la Libertad encontraras varios clubs y salas de fiesta. No dejes de visitar el nuevo espacio  situado anexo al hotel Sofitel, el So Good, donde están los mejores DJ`s de la ciudad combinados con la mejor música en directo, en un ambiente cool, con sonido y decoración occidental, donde podrás disfrutar de una excelente carta de cocina de vanguardia, o tomarte una copa frente al escenario. Más tradicional es el Chez Alí, en el Palmeral de Marrakech (a unos 15 km del centro). Chez Ali ofrece a sus visitantes la posibilidad de asistir a una cena – espectáculo típico de los pueblos del  desierto. En concreto, cenar bajo las tiendas berberiscas (jaimas) donde  te harán  pasar una agradable velada con juegos de fantasía, acróbatas a lomos de caballos, bailarinas y magos, para finalizar con una recreación de luz y sonido de las batallas entre grupos de jinetes.

Fernando de Lucas es Gestor Comercial de Grupos e Incentivos de Barceló Viajes de Majadahonda

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