Cuesta describir un viaje tan extenso concentrándolo solamente en unas pocas fotografías y otras tantas palabras, pero merece la pena intentarlo, aunque solo sea para que, quién sabe, otros se animen a embarcarse hasta la otra punta del mundo y conocer Australia, el que es “el sexto país más grande del mundo y la isla más extensa. Es la única isla que es al mismo tiempo un continente, y el único continente que también es un país” (“En las antípodas”, de Bill Bryson, una buena lectura para antes, durante y después del viaje).
Nuestro viaje comienza en Sidney, ciudad que nos recibe con cielo nublado, niebla y un cierto frío, bien es cierto que llegamos en mayo, justo al final del otoño. Lo primero que hacemos tras dejar las maletas en el hotel es ir hacia lo que para muchos es la estampa más conocida de Australia: la Sydney Opera House. La verdad es que impresiona estar en medio de la bahía, ver las cúpulas de la ópera y, justo al lado, el imponente Sydney Harbour Bridge. Una vez vista la ópera, hay que decir que lo que realmente atrae la vista es el puente, que cruza la bahía sin apoyos en el mar y al que, previa cita, se puede subir andando. Desde la ópera, siguiendo la Mrs. Macquaries Road y rodeando los Royal Botanic Gardens, llegamos a una colina donde hay unas vistas magníficas de esta parte de la bahía: la ópera, el puente y el skyline de la ciudad.

De Sydney llama la atención el que, a pesar de ser una gran ciudad, el ritmo que se respira es de cierta tranquilidad. Grandes zonas verdes, muchísima gente practicando deporte al aire libre (¿es posible ver más personas juntas haciendo footing?), una limpieza como en ninguna otra ciudad vista (más tarde comprobaremos que es una cualidad no solo de Sydney, sino de toda Australia) y, sin duda lo mejor, el carácter de la gente. Pocos lugares podrán presumir de tener habitantes con un carácter tan hospitalario, una amabilidad tan exquisita y, para nuestro alivio, una paciencia infinita con aquellos viajeros que no dominan el inglés a la perfección.

Estuvimos tres días en la ciudad, suficientes para poder disfrutar y perdernos por calles de viejas casas victorianas (barrios de Kings Cross y Paddington), antiguas zonas de muelles hoy reconvertidas en zonas de ocio con pequeños restaurantes y tiendas (The Rocks), espectaculares vistas desde las alturas (The Sydney Tower), el pintoresco Chinatown o tomar un ferry en Circular Quay para ver las famosas playas de Bondi y Manly, lugar de peregrinaje de surferos de todo el mundo.
Próximo post: Cairns, la Gran Barrera de Coral y Melbourne.
Antonio Ruiz Morillas es el ganador de nuestro concurso Tu portada 2011, cuyo premio era un viaje a Australia para dos personas. Esta es la crónica de ese viaje.
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