Hay tantas cosas que me gustaría recomendaros que temo que no hayáis sido capaces de haber leído hasta aquí. Y es que mi fin de semana londinense fue más largo. Para los que aún siguen vivos en la lectura me gustaría compartir el resto del plan.

El sábado comenzó el buen tiempo y yo me cogí el metro y me marche de picnic a Kew Gardens. Este es el jardín botánico más espectacular que conozco. Llegas perfectamente en metro a la estación del mismo nombre “District Line” en la zona 3. Y una vez allí piérdete en su invernadero o en cualquiera de sus más de 50 jardines. Hay cuatro restaurantes diferentes (y digo diferentes porque ofrecen comida y servicios francamente diferentes entre ellos), pero a mí me gusta más hacer un buen picnic sobre la hierba que además ¡está permitido! Mi consejo: ir a cualquier Marks & Spencer con supermercado, comprar unos sándwiches, alguna ensalada rica, un Coronation Chicken, de todas las clases (de los pequeñitos en bolsas), una botella de tinto (será lo más caro que encuentres en M&S), toma prestados unos vasos de cristal y un mantel del hotel y tírate donde más te guste. En Londres es tan habitual hacer esto como para nosotros salir de cañas. De hecho, en los jardines privados que hay en la parte central de las casas londinenses de pro y que comparten todos los vecinos, es habitual que éstos se reúnan en dichos jardines un sábado o un domingo por la mañana para compartir una copa de vino (el de ellos será mejor que el nuestro, eso seguro), en copas de cristal y compitiendo en el delicatessen de aperitivo más sofisticado (que será del club del gourmet de Harrod’s).
En cuanto la tarde hace acto de presencia, y más en sábado toca mostrarse en el Soho. Este Soho está muy heredado del de Nueva York. Con todo, el Soho londinense tiene mucho que decir en moda, restauración, copas, peluquerías, etc. No te vas a aburrir seguro. Los escaparates más singulares ya veis la foto, con los maniquíes sentados en sendos retretes como en un cine, con gafas de visión 3D para vernos en relieve! y las tiendas mas pomposas (si quieres engordar 4 o 5 kilos de golpe sin ser el rey/reina del pan con mantequilla, basta con que te tomes un pastelito de Candy Cakes. Parecen sacados de las pelis de Disney y que la Sirenita venga a merendar aquí cada tarde. También existe la posibilidad de no engordar pero seguir siendo Super-cool.
Y esto lo logras entrando a tomar un yogourt helado en Snog, en el nº 9 de Brewer St., un local super fancy y trendy en el que encontraras lo último en helados sin azucar, grasas, etc.Yo personalmente, me decidí por la grasaza del pastelito Disney: ¡y sigo semanas después subido a la máquina de correr porque no he logrado quemar ni el 10%!
La mala fama de los restaurantes del Soho no afecta en absoluto al que os recomiendo a continuación:
Busaba Ethai: Informal y divertido. Es tipo thai (sueño con su sopa medio picante de coco y curry con tallarines). Lo encontraréis en Wardour St. Al entrar, parece casi un comedor social ya que es de esos con las mesas de madera corridas y te sientas con quien toca, eso sí, son enormes tableros por lo que no tienes sensación de intrusismo. Las raciones son enormes y deliciosas.
Pero si te ha parecido que ya has visto demasiado del Soho y quieres huir para que no te tire el tejo ningún oso fortachón ni ninguna “dominatrix” con el cuero más vanguardista del mercado?a un paseo podrás volver a mi querido West End y dejarte caer en una burbuja exótica donde comer lo que en otro momento de tu vida has matado con una zapatilla contra la pared. Te darás cuenta de que hacer eso fue una pena: Archipielago Restaurant en 110 Whitfield Street Es un restaurante de comida exótica decorado como la isla del tesoro mezclado con un bar de rameras de puerto pirata, llamas para reservar y te dicen que dejes tus datos, que luego otra persona te llamará de vuelta y te dará una contraseña en clave que debes utilizar para cuando llegues al restaurante…y es así, luego te llama un tío y te suelta una parrafada con voz misteriosa. La comida es increíble y muuuy diferente: desde cocodrilo, canguro… a ñu, ancas de rana, hormigas, gusanitos… Merece la pena por lo diferente, la decoración, el ambiente… Los postres incluyen exquisiteces como abejas. Suena coñero y a franquicia, pero nada de eso. Es un sitio bueno, muy pequeño, como una gruta, lleno de velas, restos de tesoros de barcos, mapas, cofres….
Y el domingo, de vuelta a Madrid como el que ha ido a IKEA o a pasar el fin de semana a la sierra.
Eso si antes de coger el avión, aprovechamos para dar un último paseo al sol (que para una vez que brilla todo el fin de semana). Cualquiera de los embarcaderos del Támesis tienen un barco que cada 30 minutos te lleva a Greenwich, donde el meridiano cero. Atravesando la ciudad, el puente de Londres, la Tate Modern, pasando por el teatro de The Globe, los docks, y tantos otros sitios que vemos en películas, series de TV y fotos de amigos. 45 minutos de imágenes preciosas.
En Greenwich los domingos hay mercadillo en el que encontrarás, además de ropa y antigüedades, comida y bebida que podrás pedir para llevar (To Take Away) y acercarte a la explanada del Museo Naval a tomar el sol sobre la hierba. Si tienes suerte habrá alguien tocando la guitarra. Descálzate, túmbate en la hierba con la cabeza sobre el bolso o la chaqueta; cierra los ojos. Escucha. Siente. Disfruta. Y empieza a pensar en volver a Londres muy pronto. Siempre queda mucho por hacer.
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