Hace poco escuché una frase que me impresionó mucho: “En Berlín, puedes salir a la calle con una mierda en la cabeza y nadie se fijará en tí…” Obviamente no estamos por la labor de comprobarlo, pero sólo hay que observar un poco para darse cuenta de que ésta es una de las sociedades menos prejuiciosas y más variopintas que uno pueda encontrar.
En Berlín todo vale y por ello es el caldo de cultivo de todo tipo de movimientos alternativos. Visitamos el centro cultural Tacheles, uno de los emblemas del arte alternativo de Berlín. En realidad, una de las casas “okupas” más famosas del mundo. Este enorme edificio de la calle Oranienburger fue “okupado” hace ya casi 20 años por artistas que lo convirtieron en su laboratorio, su casa y su sala de exposiciones. En el patio trasero del edificio se respira una atmósfera de lo más “underground” entre las terrazas de los bares y las obras de arte de hierro que un artista, soplete en mano, crea en una extraña nave formada por grandes contenedores.
No sabemos si esto es muy alternativo pero en esa misma calle nos topamos con la tienda de United Loneliness, un artista de enorme originalidad que nos tuvo entretenidos durante un buen rato curioseando entre sus originales ilustraciones.
Cerca de allí, en la zona de galerías del Hackescher Markt, encontramos otro interesante rinconcito: una galería que se abre a la altura del nº39 de la calle Rossenthaler y que conduce, entre oscuros pasillos llenos de pintadas, al “Monster Bar”. Allí nos tomamos una cerveza en su extraña terraza repleta de andamios y presidida por, lo que suponemos, el bicho que da nombre al bar.
Para terminar un día tan alternativo cenamos en el White Trash, pero no os dejéis engañar por la originalidad de su página web: el lugar lo es, la comida no tanto. Aunque no está mal, no deja de ser comida tipo TexMex y hamburguesas. Eso sí, en un lugar donde la mitad de los camareros van vestidos a lo Dick Tracy y la otra mitad lucen crestas punkies, se puede encontrar uno de todo, desde gente corriente (sin clasificar en ninguna tribu) a raperos, punks, góticos y ultramodernos. Por si aquello no fuera lo suficientemente surrealista, esa noche amenizaba la cena un artista alemán cantando temas de los años 20… sin palabras.









