Siempre habíamos tenido curiosidad por conocer el lugar, de entre todos los de España, donde los reyes deciden cada año pasar sus vacaciones. Y aunque supongo que habrá más razones que las meramente estéticas, creemos que la decisión es muy acertada.
Obviamente no visitamos el palacio de Marivent, pero sí un castillo que siempre me había llamado la atención, el Castillo del Bellver, uno de los pocos castillos del mundo (sino el único) de planta circular. Imagino que el nombre significa “buena vista” y no le falta razón porque desde allí se divisa todo el puerto deportivo de Palma, con sus cientos de barcos, algunos tan grandes que cuesta pensar que sean barcos privados en vez de barcos de pasajeros.
Ya en el centro, nos perdimos la catedral y algunos museos por haber tenido la mala pata de llegar en festivo. Pero nos encantó la arquitectura del edificio de la Lonja (Sa Llotja) que estaba en plena restauración, y pasear por la zona del paseo marítimo, alucinando con las embarcaciones.
Aunque para paseo marítimo, el de Puerto Portals. Curioseamos entre aquellos lujosos barcos que parecían edificios flotantes con todo tipo de comodidades. Aunque tenemos que decir que muchos de ellos lucían un cartel de se vende…y es que a todas partes llega la crisis. Toda la línea del mar estaba cubierta de animados restaurantes, terrazas y bares elegantes.
Por la noche volvimos a Palma para tomarnos unas copas, todo el mundo nos recomendó ir a un sitio muy especial, el Ábaco, cerca de la Lonja (Sant Joan, 1). Era como entrar en un cuadro, una especie de bodegón viviente…eso sí, el precio de las copas era tan deslumbrante como la recargada decoración….16 euros del ala leve…pero hay que verlo.





































