Empezamos el domingo en el Mercado de libros de Sant Antoni. Un paraíso para cualquier amante de la lectura. Novelas nuevas y de segunda mano, infantiles, o libros de viajes y cocina a precios imbatibles, es difícil salir del mercado sin haber comprado alguno.
Tras las compras, paseo al solete por las Ramblas, siempre repletas de gente, y por el Paseo de Gracia donde a cada paso puede uno disfrutar de la fantástica arquitectura de la ciudad. Fuimos a parar a la Plaza del Sol en el Barrio de Gracia, ¡¡ya apetecía tomarse unas cañas en una terracita después del invierno que llevamos!!
A estas alturas ya nos habíamos dado cuenta de un detalle: esta ciudad cada vez es más multicultural. Anoche, de marcha por los garitos del Born era tan fácil oír español o catalán como inglés, italiano o francés. Y nada más entrar en el hotel vimos a un empleado ataviado con un fabuloso turbante sikh, lo que me recordó la primera vez que aterricé en Heathrow, en mis años de estudiante, alucinando con la diversidad racial.
Definitivamente, Barcelona se parece cada vez más a Londres… sólo que bañada por el mediterráneo (mmm ¡¡qué importante diferencia!!). Por otro lado, en Londres sería difícil disfrutar de la escalibada, fuets y butifarras que nos tomamos en una agradable vinoteca del barrio Gótico (La Vinateria del Call, Domenec del Call,9). Y menos aún de la auténtica crema catalana, ojo que no se admiten imitaciones, ¡¡menudo subidón de azúcar!!!
Pero en Londres sí encontraríamos la comida palestina del último mediodía por Gracia, después de las cañitas y del paseo con algunos de nuestros amiguetes Barceloneses. Desde luego las opciones aquí son infinitas.
Sin tiempo para más nos fuimos al aeropuerto, pero ya en el avión teníamos ganas de volver a una ciudad cada vez más europea, más moderna. Cada vez mejor, siempre un acierto. Así es Barcelona.



























































