Llegamos a Mallorca con grandes expectativas culinarias… y no fuimos defraudados. Dónde si no puede uno amanecer cada día a base de ensaimada con nueces y almendras eh? Bueno eso yo, que soy de dulce, Juan mientras se relamía untando sobrasada en tostadas. Otro dulce irresistible fue el Gató de Almendras, mucho menos conocido en la península, un bizcocho muuuy sabroso.
Nos encantó esa estupenda costumbre de empezar una comida con un poquito de Pa amb oli (ellos dicen algo así como “pambolí”), unas buenas rodajas de pan con aceite, deliciosas si además le pones un poquito de jamón encima… hay mejor manera de abrir el apetito?? Aunque corre uno el riesgo de que el apetito haya desaparecido tras la segunda rebanada.
El pueblo de Génova, cerquita de Palma, es un gran destino gastronómico, con muchos restaurantes recomendables. Fuimos al Mesón Ca´n Pedro, a pesar de que el luminoso rosa en forma de conejo que vimos al llegar nos había echado un poco para atrás. Parece uno de esos sitios que empezó como pequeño mesón de comida casera, pero le fue bien y se convirtió en un emporio con un segundo restaurante de lujillo y un parking digno de una discoteca.
No sabemos como es el nuevo Ca´n Pedro, pero os aseguramos que el mesón original mantiene mucho de su encanto casero. Allí probamos un Arroz Brut y un cordero con salsa de sobrasada para chuparse los dedos. El primero es un arroz muy caldoso, casi sopa, con carnes, verduras y caracoles entre otros… solo os diré que no somos mucho de caracoles y no dejamos ni uno. El secreto, el sabrosísimo caldo… de muerte.





