Marta y Juan

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16 de Febrero de th

¡Calçotada!

En efecto, aprovechamos que la época de los calçots acababa de empezar (febrero-marzo) y nos dimos un auténtico homenaje a la catalana. ¿Y qué son los calçots? os preguntaréis. Pues son esta especie de puerro o más bien cebolla alargada que se come en Cataluña en esta época del año, de una forma bastante curiosa que ahora os contaremos.

La Casa del Bosccalçots

Nos encontrábamos en medio del Parque Natural del Montseny, habíamos llegado a esta pequeña casa del bosque (Casa del bosc) caminando algo más de hora y media…así que…¡¡estábamos hambrientos!!

Nos esperaba un acogedor ambiente y una auténtica calçotada. Lo primero es ponerse los baberos, indispensables para no acabar lleno de chorretones de salsa. Mientras asaban los calçots en las brasas fuimos haciendo boca con un poquito de pa amb tomaquet. Poco después nos traían unas bandejas de calçots cubiertos con papel de periódico para no perder el calor. En otras ocasiones nos los trajeron en tejas calientes que también conservan bien la temperatura.

los baberospelando calçots

La técnica es la siguiente: se agarra el calçot por la parte superior, se pela tirando hacia abajo de las capas más externas que lo cubren (generalmente chamuscadas), dejando al descubierto la parte blanca. Acto seguido se sumerge de manera abundante en un recipiente con salsa romesco, y se comen (sólo la parte blanca, no las hojas superiores) a mordiscos, un poco estilo bacanal romana.

calçotadacordero y alcachofas

Mel i MatoLa salsa romesco es uno de los elementos clave pues le da el característico sabor a almendras y tomate que hacen el conjunto delicioso. Cuando ya está uno a punto de reventar, embadurnado y con las manos ennegrecidas por las hojas quemadas, llega el resto de los platos…En nuestro caso una gran bandeja con habas y butifarras, y otra con cordero, patatas asadas con piel y alcachofas.

¡Madre mía! estaba todo buenísimo, y sabía tan casero…, nos sentó de lujo. Aunque no podíamos comer mucho más no nos resistimos a un postre tan típico como el Mel i Mató, o sea miel y requesón… la guinda a una auténtica jornada gastronómica para recordar. No os voy a contar lo contentos que hicimos la ruta inversa hasta llegar a nuestro coche varios kilómetros más allá…pero esta vez…cuesta abajo!!