Marta y Juan

Asesores Ejecutivos de a dónde vamos este finde

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1 de Julio de st

Gastronomía malagueña y no tan malagueña

El sábado cenamos en alguno de esos bares de la plaza de la Merced que ofrecen una fusión de platos locales y suecos, en concreto en el Lechuga y en el Citrón. Nos preguntamos ¿por qué precisamente Suecia?, tal vez muchos suecos se habrán quedado afincados en la ciudad tras una visita veraniega que los atrapó para siempre.

El domingo, sin embargo, optamos por una gastronomía mucho más tradicional y nos dirigimos ¡a la playa!. Desde la playa de la Malagueta, junto al puerto, se extiende hacia el este una hilera interminable de barrios playeros, con sus chiringuitos y restaurantes junto al mar. Delante de cada restaurante, en la propia arena, se prepara una de las joyas de la gastronomía local, el espeto de sardinas. Las preparan a la brasa en unas pequeñas barcas reconvertidas en curiosos asaderos.

Aunque nos habían hablado del famoso “Chanquete”, en El Palo, donde los camareros subastan en directo cada plato que sale de cocina, acabamos en el barrio del Pedregalejo,  en el restaurante El Caleño. Nos lo habían recomendado, y aunque no era el más barato, los precios eran asequibles. En una terracita sobre la arena disfrutamos de calamares, pescaditos fritos, y como no las sardinas espetadas. Aún nos estamos chupando los dedos.

La vuelta desde el Pedregalejo al centro se puede hacer en un agradable paseo que bordea la costa duranto algo menos de una hora, lo hicimos como despedida… oooooohhh, nos vamos y volvemos a la cruda realidad. ¿Por qué los fines de semana no tendrán tres días?

29 de Junio de th

Continúa el paseo

Tras la comida subimos la colina que domina la ciudad hasta el Castillo de Gibralfaro, tal vez los escasos restos del castillo no sean muy interesantes, pero las vistas desde aquí son inmejorables. Dicen que incluso se puede divisar la cordillera africana del Rif ¡madre mía!, aunque el día tiene que estar muy claro para ello.

El paseo que desciende desde el Castillo hasta la Alcazaba ofrece una inmejorable vista del puerto y de la arquitectura de la ciudad, con su precioso ayuntamiento neoclásico a la cabeza. Sin embargo, el pasado de Málaga se puede disfrutar atrapado en los artesonados, las arcadas y los jardines árabes de la alcazaba y en su cercano teatro romano, cuanta historia en tan poco espacio ¿no?

No pudimos dejar de visitar el museo Picasso, donde ofrecen unas visitas guiadas gratuitas de lo más original. La idea es generar un debate sobre la interpretación de las obras, y sólo al final conocer las historia real de la obra y la interpretación del artista, en caso de que esta sea conocida, claro. Nos dio una visión mucho más interesante y personal del arte del genio malagueño.

Nos pilló la hora de la cena perdidos de nuevo por el centro histórico, donde una vez más nos vimos sorprendidos por la devoción de los malagueños. Nos encontramos con una hermandad que transportaba las imágenes de su Cristo y su Virgen camino de su iglesia, cada una acompañada de su propia banda, sus costaleros y sus hileras de devotos portando cirios. El conjunto era tan sobrecogedor, tan solemne, que nos quedamos un rato a observar el interminable y lento caminar del grupo, dejando regueros de cera y olor a incienso a su paso.

26 de Junio de th

Paseo Malagueño

Estábamos listos para empaparnos del encanto de esta ciudad donde se respira alegría y devoción por los cuatro costados. Desde la bonita alameda central, abarrotada de floristas, nos dejamos perder por las calles del centro, camino de la calle Larios: arteria social de la ciudad.

No tardamos en encontrarnos lo que creíamos que era una procesión, pero nada más lejos de la realidad, eran rocieros camino de la ermita de la virgen del Rocío. Ataviados con sus trajes de faralaes, peinetas y medallas, acompañaban a un interminable desfile de carretas, cada una de ellas, una fiesta ambulante. A cada paso paraban y cantaban para deleite de los turistas, como nosotros, que contemplábamos curiosos la escena.

El tentempié perfecto nos lo tomamos en el pasaje de Chinitas, donde estuvo el popular café que Lorca cantó en su poesía. En una de sus múltiples terrazas paramos para tomar una cañita y una tortilla de camarón, de las ricas ricas.

Para comer, nuestros amigos Alberto, Ellie y Cloe, nos llevaron a la cercana Fuengirola donde tapeamos en el barrio de los Boliches, junto a la playa. La estrella fueron las berenjenas fritas con miel de caña y el cúlmen el helado de “Málaga Virgen” de la heladería Verdú.

Pero todavía quedaba mucho que ver, y volvimos a la ciudad por la tarde.

25 de Junio de th

Toma de contacto

Anonadados, así nos quedamos en la puerta del hotel Barceló Málaga: un hombre de mediana edad surgió de la planta superior deslizándose por… ¿un tobogán? Cuando ya creíamos haberlo visto todo en modernidad y diseño en nuestro recorrido por otros tantos hoteles… llegamos a Málaga.

Era tarde así que no teníamos ya mucho tiempo para salir a pasear pero sí para disfrutar de este hotel, ubicado en la estación del AVE malagueño, donde el diseño no está reñido con la comodidad. Un tobogán, que en realidad es una escultura de Jordi Torres, une el salón de desayunos con recepción, aterrizando a la altura del B-Lounge: el sorprendente y ultramoderno bar del hotel.

En una especie de iglú de gresite disfrutamos de una tranquila copa, era un lugar bastante íntimo y la luz iba cambiando poco poco de un color a otro… ¡¡Qué buena manera de cargar las pilas para nuestro asalto malagueño!!. Aquí empieza nuestra visita.