Mi viaje a Busán, por Ana Álvarez

En Corea del Sur existe la costumbre de tener dos nombres; el impuesto al nacer y un segundo, occidental, que se elige a lo largo de la vida. Por esa razón conocí a Shin-ji que jugaba a ser Rose o a Kim Young-ho que prefirió llamarse Daniel. Del mismo modo actuó Busán -ciudad en la cual transcurrió mi estancia en el país- cuando, imbuida por el animismo de la mitología oriental, se presentó ambigua y en plena metamorfosis. Busán resultó, para mí, crisálida pero también mariposa. Recorrerla fue cubrir los pasos entre los extremos de un dial. Ir de fuera adentro; del pasado al futuro, de lo ancestral a lo globalizado, de Shin-ji a Rose.

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