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Rosa Márquez

Consejera Delegada de estudias o trabajas

Resultados para la categoría ‘Mi viaje a Berlín’

23 de Marzo de rd

La Puerta de Brandemburgo y el Reichstag

Sin duda la Puerta de Brandemburgo es el monumento más representativo de Berlin, lleva en pie desde el siglo XVIII y ha sobrevivido al asalto de las tropas napoleónicas y a las dos Guerras Mundiales.

Junto con el muro fue otro de los símbolos de la división del país, de hecho quedó en medio de las dos Alemanias y hasta la reunificación sólo los soldados fronterizos tenían acceso a la zona.

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17 de Marzo de th

Tacheles, de casa okupa a centro de la cultura underground

Mitte, el antiguo barrio judio, es una de las zonas más interesantes y animadas de Berlin, allí se encuentra Tacheles, un edificio en ruinas que fue bombardeado en la Segunda Guerra Mundial y okapado tras la caída del muro por un grupo de jóvenes artistas.

Hoy en día es un importante centro cultural donde se celebran exposiciones, se vende arte y se dan a conocer nuevos creadores, tiene un bar terraza en la última planta y hasta un cine de sofás rojos.

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14 de Marzo de th

Cervezas y Frankfurts

La gastronomía alemana es sobre todo famosa por dos productos: la cerveza y las salchichas Frankfurt, así que no podía dejar de visitar Berlin sin probarlos. Aunque la cerveza no es mi bebida favorita reconozco que me supo buenísima, la beben en jarras enormes, algunas incluso de litro y está tan rica y suave ¡que entra sin darte cuenta!

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9 de Marzo de th

Berlin, más allá del muro

Berlin es una ciudad marcada por su historia y eso se nota en sus edificios, algunos como la iglesia de Gedächtniskirche, semidestruida por las bombas, nos recuerdan que fue el escenario de las dos guerras más sangrientas del siglo XX, pero también que es una ciudad renovada, moderna y abierta al futuro, como lo demuestran construcciones recientes de renombrados arquitectos como Norman Foster o Frank Gehry.

Del famoso muro de 115 kilómetros, que dividió el país en dos durante casi cuatro décadas, sólo queda una pequeña parte hoy convertida en un reclamo para turistas, cuyos fragmentos se venden como souvenirs por cinco euros en cualquier tienda de regalos o puesto callejero.

Pero aunque pintado con graffitis y ya sin alambre de espino, el muro (o mejor dicho, lo que queda de él) sigue impresionando al viajero, incluso a aquel que como yo no haya vivido los años de la Guerra Fría, la simbología latente tras las pintadas le resultará sobrecogedora.

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