Lo mejor de un crucero es que cada mañana, cuando te asomas a la ventana, te encuentras con un nuevo paisaje. Sin duda el más bonito de todo el viaje fue el que encontré en la primera escala: la isla de Grenada.
La isla fue una colonia británica hasta su independencia en 1974 y a día de hoy es miembro de la Commonwealth, lo que significa que pese a la distancia con Inglaterra la jefa de Estado es la Reina Isabel, el idioma oficial es el inglés y los coches circulan por la izquierda.
A esta pequeña nación también se la conoce como La especia del Caribe, porque es una de las principales exportadoras de nuez moscada, clavos de olor, jengibre, canela y cacao, además de tener varias destilerías de ron que todavía usan métodos tradicionales para su elaboración.
Desde el barco se ofrecen varias excursiones para explorar los lugares más típicos de la zona, yo elegí una que combinaba la visita a las Cascadas Concord con un relajante baño en una de las múltiples playas de la isla, que está rodeada de arrecifes de coral por lo que es perfecta para practicar el submarinismo y el snorkel.
Me hubiera quedado media vida en aquella preciosa playa de arena blanca, pero a las cinco y media todos teníamos que volver a bordo porque el barco zapaba a las seis, rumbo a la isla de Mayreau.













