Si hay algo que impresiona a cualquier viajero nada más aterrizar en Nueva York es su espectacular arquitectura. Recuerdo que la primera vez que vi Time Square no podía dejar de mirar hacía arriba, de hecho es lo que diferencia a los neoyorquinos de los turistas, ¡estos últimos van siempre con la cabeza levantada y la boca abierta!. Sobre las inmensas avenidas que recorren Manhattan, se elevan rascacielos de más de 200 metros que albergan oficinas, hoteles y apartamentos de lujo.
Desde la caída de las Torres Gemelas, el mítico Empire State Building ha recuperado su puesto de edificio más alto de la ciudad, nada menos que 381 metros tuvo que escalar King Kong para llegar a su cima. Pero el viajero que quiera disfrutar de sus espectaculares vistas no tendrá que cansarse tanto, un ascensor le llevará directamente a la cima, eso sí previo paso por taquilla y tras aguantar una larga cola, pero una vez arriba te olvidas de la espera porque la experiencia merece la pena.
Otro símbolo de la ciudad es el puente de Brooklyn, construido a finales del siglo XIX, fue todo un hito de ingeniería para su tiempo y el uno de los pocos puentes colgantes de su época que todavía se mantiene en pie. Se recomienda cruzarlo de noche para poder disfrutar del skyline de Manhattan. Ya en Brooklyn se puede seguir contemplando las vistas mientras se reponen fuerzas con una buena cena en el River Café o si el presupuesto no da para lujos (el River es un tanto pijo), se puede prescindir de la cena y tomar sólo una cerveza o refresco.
El Flat Iron, el Chrysler o el Rockefeller son otros de los edificios míticos de una ciudad en la que todo se hace a lo grande, así que abre bien los ojos porque te tropezaras con construcciones art decó, iglesias neogóticas y joyas arquitéctónicas a cada paso.














Qué foto más chula la de Time’s Square!
Comentario de Ismael — Febrero 26, 2009 @ 4:10 pm