Después de un largo viaje, llegamos al deseado destino, la República Dominicana. Concretamente a la parte más al Este de la isla “La Española”, Punta Cana.
Al salir del avión, El olor a trópicos y la brisa caliente nos llena de emoción. En la terminal, nos esperan dos explosivas dominicanas, vestidas con los trajes tradicionales, para hacerse una foto con nosotros ( dormidos, cansados y pálidos), en fin, nos dicen que si queremos, a la vuelta podremos comprar la foto.
Llegamos de noche al hotel Barceló Bávaro Palace, realmente agotados. Cenamos algo exótico en el restaurante Rincón Dominicano y nos vamos directos a la cama, pero con una curiosidad inmensa, y muchas ganas de ver el Mar, que tanto echamos de menos en Bruselas.
No podemos tener mejor despertar. Son las 5 de la mañana. Desde la cama, oímos el rumor de las palmeras bailando al son de la brisa. Salimos al balcón, y por fin lo vemos, ¡el Mar Caribe!. En menos de un minuto estamos en la playa. La arena es finísima y blanquísima, da un gusto enorme andar descalzos. Estamos totalmente solos y sin pensarlo dos veces, corremos hacia la orilla y nos bañamos mientras contemplamos el espectacular amanecer.
El primer baño en el mar del año, es siempre un gustazo, pero este es insuperable. El agua está buenísima. ¡Buenos días Mar Caribe!
Hoy decidimos dos cosas:
- Durante estas vacaciones instauramos el paseo matutino por la playa, bien temprano, cuando todos duermen. (es el mejor momento)
- Nos quedamos a vivir aquí.















